
Villavicencio, Meta. 22 de Marzo de 2007. 20 años. Encuentro nacional de integración hotelera.
Wow, el sombrero en el logo de Pizza Hut parece un pezón. Bogotá es una maravilla, siempre con su erotismo medio escondido.

Las palabras son como pelotitas asimétricas: lánzalas y caeran por allí, en aparente caos. Pero si no las tiras dudo que pase algo.
Mi pregunta en realidad es… ¿por qué no encajo? ¿Por qué no puedo disfrutar de las cosas “normales” como ir a tomar una cerveza o cosas asi? Esas maricadas me estresan más. No entiendo como ellos pueden ir a un chuzo x y volverse vómito en menos de dos horas y disfrutar haciéndolo. A mi en cambio me entra el desespero, me quiero ir, hp; que mamera esto. Debería estar durmiendo haber si engordo en vez de estar aqui sentado como un imbecil viendo a todo el mundo hablar imbeciladas y reirse de imbeciladas estupidas, por Dios, que envidia, hp, ¿como putas disfruto eso?
En serio, es increible que socializar sea una utopía real para mí, el hablón. Debería dejar de ser hablón y quedarme callado, a lo mejor me vuelvo mediocre y aprendo a disfrutar de mi vida. Despues de todo, solo tengo veinte años.
Actualización: el problema definitivamente no es la cerveza, sino como se toma.
Hace ya dos años hice esto:
Solo recuerdo que esperaba a que me recogieran un medio día en el que tenía mucha hambre y vi un cuadro rojo y negro en la pared que me pareció bonito. Entonces agarré el Armada700 y con el trackball hice esto. Al final, creo, creo, parece una mujer de rojo. Ya no me gusta el punto blanco del centro. Lo cierto es que lo hice mientras tenía hambre. Hoy lo reviso otra vez y no lo siento igual que cuando lo hice. Curiosas cosas esas de la cabeza.
Por cierto, no he comprado las zanahorias. -A lo bien-, el defícit de atencion es bastante incómodo. ¿Sabes qué José Daniel? Más bien detente en otra composición o crea una nueva, porque esta definitivamente te dá mas hambre.
Antes que nada, deseo que quede una cosa bien clara: lo que vas a leer a continuación es algo totalmente separado de mis creencias y filosofías políticas, religiosas o sociales.
Mi conocimiento es un tesoro: pero ese tesoro ahora también es tuyo. Deseo compartir contigo las pocas cosas que sé y no quiero nada a cambio. Lo único que te pido es que compartas desinteresadamente cada cosa que te enseñé y que le pidas a tus alumnos que a su vez las compartan. Ve y enseñale a los mas chicos y a los que menos saben: de todos nosotros depende que nuestra generación aflore con la fuerza que se lo merece. Si compartes mi idea, no le tengas miedo a lo que pueda pasar: disfrútalo. Evita discusiones innecesarias: cada vez que repitas este discurso, no olvides dejar claro antes que tus ideologías políticas, religiosas o sociales poco o nada tienen que ver con tu deseo de enseñar, de aprender, de aprender a aprender y de aprender a enseñar.
La idea surgió una tarde en la que pretendía arreglar las heridas de mi país. La conclusión: puede que la revolución de conocimiento no sea la cura panacéica, pero por lo menos dudo que deje dolor o cosas negativas tras de sí.
No conozco todo mi país. Solo sé que los lugares que conozco están llenos de gente buena. Hay gente mala también, y gente que se cree mala pero que en realidad no lo es. También hay gente que se queja y que no hace nada: los ruidosos, los verdaderos tercermundistas. También conozco gente que cree que hace pero no hace.
En fín, hay de todo. Cuando pienso en todas estas cosas, cuando reconozco a alguien al mirarlo a sus ojos; cuando leo la mente de aquella que camina rápido porque va tarde a su trabajo, o la de aquella otra que llora en silencio con los ojos secos porque un patán la dejó tirada en un parque y no quiere que nadie se de cuenta… Entonces pienso: ¿trascender?. Todos lo que caminan por aquí o por allá, ¿en realidad quieren trascender?. A lo mejor, solo quieren vivir. Quieren llenarse de dinero, dejar de enfermarse y tener una familia, vivir hasta muy viejitos y morirse durmiendo en una cama, soñando con aquella primera vez que fueron al mar, o con el primer amor… no lo sé.
Esos son ellos. Pero… un momento. Yo no pienso así, yo quiero ser grande, que mi nombre no se pierda en el tiempo después de mi muerte, yo si quiero trascender. Y así como lo quiero… estoy convencido de poder hacerlo. Por eso escribo, por eso hablo, por eso digo o miro mal, o miro bien, o regaño o agacho la cabeza. Por eso tengo una estrategia.
Ambición, en cierto modo. La gente la critica. Yo no. Yo creo que es bueno ser ambicioso: querer poder, poder para transformar. Y creo que ese “poder para transformar” se puede usar para despertar la ambición en mi generación. Duele, pero la chica linda de la esquina es “no-ambiciosa”. Parece que solo le interesa vivir, nada más.
Como yo, somos pocos. Si en este punto aún lees esto, a lo mejor tu corazón guarda algo. No quiero parecer ofensivo, por supuesto: no malinterpretes mi concepto de ambición.
Transformar. Ambición, crecer, no es sinónimo de querer dominar, pero lo es de muchas otras cosas. Es un vicio: cuidado. A veces es bueno tener amigos.
Creo que esta es la tercera vez que escribo un post de estas características. El famosísimo “hola mundo” que todos escriben… nah. Mejor diré: ¡Cáspiras!, mi primer post
. Prometo contar después que significa esta palabra, y otras tantas cosas… hasta entonces.
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